La salud de la serpiente
Érase una vez una serpiente a un hacha agarrada. Por más que el viento soplara, ella del hacha no se soltaba. Muchos se empeñaron en darle voz a Aizkora, que es como el ofidio se llamaba. Otros tantos se rebelaron en su contra porque no querían entre ellos a un animal de sangre fría, capaz de matar sin que su pulso se alterara. La serpiente habló por boca de sus siervos, encargados de representarla en público. Al poco de comenzar su charla rió y rió. Hizo chacota y chanza de todos aquellos que la despreciaban. Fue tal su burla que involucró en ella incluso a personas que cuidaban de la vida de los demás. Esa misma vida que ella cercenaba sin que le importara nada. De repente, entre carcajada y carcajada el hacha cayó sobre la cabeza de la serpiente, cercenándola. Todo el mundo quedó en silencio. Un silencio largo y tenso, previo al alboroto y la algarabía. Eso cuenta la leyenda.