Es cosa de hombres
Maribel Domínguez, Marigol, estaba convencida de que el fútbol le iba a sacar de Valle de Chalco, la humilde barriada mexicana donde nació el 18 de noviembre de 1978. Con otros ocho hermanos, la muerte de su padre obligó a todos a buscar dinero que llevar a casa. Los entrenadores se fijaron enseguida en ella. Los equipos en los que militó le ofrecían dinero, entre cinco y diez pesos, por cada gol conseguido. Un día marcó 20 goles...
Tras un fructífero periplo por los Estados Unidos, Maribel regresó a México. Quería jugar en el Atlético Celaya, un equipo masculino, algo que no sentó nada bien a los clubes de su país y a la FIFA. Pero Maribel no se dio por vencida. El pasado fin de semana debutó en la Superliga femenina española con su nuevo equipo, el F.C. Barcelona. El Barça venció 5-0 al Torrejón con tres goles de Maribel.
Todos conocemos la historia de Marigol, antes que ella la alemana Birgit Prinz -mejor jugadora del mundo en 2004- ya había intentado debutar en el Calcio con el Perugia, y ahí es donde quiero llegar. El fútbol sigue siendo un reducto machista. Conocemos a Brigit o Maribel no por sus logros balompédicos, sino porque intentaron en vano que se las considerara uno más dentro del terreno de juego. Ya ocurrió antes cuando alguna mujer decidió convertirse en árbitro o asistente. En pleno siglo XXI nos resulta chocante ver a una mujer jugar al fútbol y se nos hace casi inconcebible que pretenda sudar la camiseta con hombres y no con las de su mismo sexo...
Al final van a tener razón los que dicen que esto del balón es un deporte para brutos e ignorantes y que sólo sirve para saciar nuestros apetitos concupiscentes. Pues yo, prefiero una Marigol antes que un Beckham. Por muy fashion que éste sea.