Te quiero, te quiero
Kim y Lleyton son jóvenes, se quieren. Él australiano, ella belga, ambos deportistas.
En febrero próximo se iba a producir el tan esperado enlace. Digo iba porque ya no hay boda. La historia de amor de cuento de hadas se ha truncado abrúptamente. A muchas parejas se les acaba el amor, esto no es nuevo, pero sin lugar a dudas lo que sorprende en este caso no es el qué, sino el cómo.
Recuerdo la anécdota de un famoso actor que envió un fax a su pareja --embarazada-- para decirle que todo se había acabado. ¡Un fax! ¿Qué tipo de relación se sustenta por medio de lazos tan frágiles? Ni un mirarse a los ojos, ni estar juntos al menos una última vez...
Kim ha llamado por teléfono a Lleyton y le ha dicho, 'Oye chato, lo dejamos'.
Fin de la historia.
Leyendo estas cosas uno se plantea otras, tal vez absurdas, pero otras.
¿Estamos dejando de sentir las cosas 'de verdad'?
¿Tenemos tanto ansia por triunfar, ser los mejores en nuestro entorno, destacar, que se nos olvida lo más importante?
¿Cómo puedes decir que has querido a alguien si dejarlo te cuesta tan poco como una llamada de teléfono?
Es un poco fuerte dejarlo por fax o por SMS, pero más fuerte aún es empezar así.