Don de lenguas
Anoche cenamos en casa de J. y R. Nada más llegar nos 'asaltaron' los pequeños, G. y M., de 4 y 2 años respectivamente. R. habla a los niños en francés y castellano cuando están en casa. Digamos que utiliza la lengua de Victor Hugo como 'lengua materna'. Durante la cena una de las muchas cosas sobre las que hablamos, aparte de la sección 'cotilleos' que reservamos para los postres, fue la enseñanza bilíngüe. Todos coincidimos en que los idiomas son el futuro, la posibilidad de dominar más de una lengua a tan temprana edad sólo aporta ventajas. Tal vez este tema sea algo normal en otras regiones, Galicia, País Vasco, Cataluña, pero hay que entender que en Castilla no es una práctica muy generalizada ya que no existe una lengua materna diferente.
El problema de fondo en cuanto a la doble educación es que llegamos a la conclusión de que lamentablemente no siempre podemos equiparar una educación 'de pago' con una 'buena educación'. Ésto nos lleva al tan manido tema de la familia.
La verdad es que es una gran idea esto de incentivar la capacidad de aprendizaje de un niño con otra lengua más, pero el problema de fondo reside en la educación que recibe el niño en el colegio. Y no solamente eso, debe existir una labor posterior, la exigencia por parte de los padres. Todos convenimos en que la educación escolar, en líneas generales, deja mucho que desear, ya no hay 'maestros'; ahora sólo hay profesores que hacen su trabajo en tandas sucesivas de cincuenta minutos.
Estos mismos profesores suelen quejarse a menudo de que no pueden controlar al alumnado, que los chavales se les van de las manos. Los educadores culpan al entorno familiar de ello, se quejan de que los niños en casa están asilvestrados. El padre y la madre trabajan, no siempre la persona encargada de los niños (si la hay) es la más adecuada. Por 300 € al mes no se puede encontrar a alguien que planche, limpie, fije y dé esplendor, así que la mayoría de las veces a los niños los educa un desconocido que está realizando un trabajo, y para el que los niños es sólo una parte más del mismo, o en el peor de los casos es la televisión la canguro.
Con todo esto parece claro que muchas iniciativas por parte de los padres para formar a sus hijos y recibir una mejor educación que la que ellos tuvieron flaquean en lo esencial. Los padres deben ser los primeros en exigir, apoyar e incentivar el aprendizaje de sus hijos. Pero claro, si los padres sólo pasan cuatro horas al día en casa ¿cómo lo van a lograr?
Pues es sencillo: cediendo un poco. No se puede tener todo; unos padres que trabajan todo el día tendrán buenos ingresos pero no se pueden plantear tener hijos de una forma responsable, por lo menos los primeros años.