Patriotas
Me da mucho miedo cada vez que escucho a algún dirigente político utilizar la palabra patriota. Seguramente es por culpa mía, quiero decir que yo soy quién le da un significado peyorativo y no existe ninguna otra connotación en las palabras del lider de turno, pero es curioso que siempre se suele asociar a hecho luctuosos. Las contadas veces que el término no se aplicaba a una persona se hacía para referirse a un misil...
De nada te sirve, creo yo, ser un gran patriota y tener un ciprés en el pecho. Pues bien, eso ha vuelto a ocurrir. Digamos, por resumirlo un poco, que nosotros tenemos un espía; un chico que con 32 años decide voluntariamente marcharse a un país árabe cuyo mandamás es muy malo, pero malo, malo. El chico aprende el idioma, se relaciona con gente del país y obtiene información. Supongo que nuestro gobierno utiliza esa información para contribuir a la liberación de la gente de allí, nunca para obtener información privilegiada que nos permita conseguir contratos beneficiosos para nuestras empresas, con tan mala suerte que hace casi ocho meses la zona entra en guerra y algunos de sus confidentes deciden ajustarle las cuentas. Las cuentas, el traje y agrandarle el occipucio de un disparo.
Con 34 años nuestro espía pasa a mejor vida, o no, pero qué importa; era un patriota. Su mujer llora lágrimas teñidas de rojo y gualda, suenan los acrodes del himno patrio y hasta nuestro ministro de defensa, el hondureño Trillo Figueroa se muestra consternado. En un acto sin precedentes, nuestro augusto presidente nos explica a todos la pasta de la que estaba hecho el chaval y su familia, un auténtico patriota dice. Deduzco, pero sólo yo no vaya a ser que la liemos, que los 76 tripulantes del tupolev eran menos patriotas, que Anguita, Couso o Martín-Oar ni siquiera lo eran.
¿Qué diferencia hay? Están todos muertos, muertos por una guerra absurda, una guerra movida por intereses geo-estratégicos y económicos. Una guerra de ocupación, sembrada eso sí de patriotas por ambos bandos; patriotas que no verán más amanecer, que no disfrutarán de una caricia en la nuca, de la sonrisa de su madre, de una cerveza con sus amigos, de las carreras por el patio del colegio, de ver nacer a su primer hijo. Igual sólo yo lo veo así, pero qué pena ¿no?