Cerrado por vacaciones
Lo malo de las vacaciones es que a veces interfieren en tu vida de forma irreparable. La habitual costumbre de salir a cenar los lunes se ha de ver trastocada por culpa de unas inoportunas vacaciones. Y es que la gente tiene tan poca consideración que ni siquiera preguntan a los clientes cuando piensan irse de vacaciones para tomarlas ellos, no. Lo deciden unilateralmente con el consiguiente trastorno.
Así que hoy no tocar salir a cenar, el cambio no ocasiona ningún trauma, como podía deducirse del primer párrafo, no, ni mucho menos. Lo hemos cambiado por mañana martes. La verdad es que nuestro lugar habitual posee un encanto poco común, nos hace sentir como en casa. Vemos la televisión eligiendo el programa y cadena que deseamos, cenamos 'a la carta' de la carta, repetimos licores tantas veces queramos... en fin, una delicia. A veces pienso que abusamos de la hospitalidad que nos brindan, pero creo que ellos también se encuentran cómodos con nosotros. Se nos sientan a charlar mientras cenamos y nos cuentan sus cosas, nos revelan anécdotas o nos ponen al tanto de las últimas novedades de la zona. Por todas estas cosas y, fundamentalmente, por la cocina sí es cierto que se nos hacen largas dos semanas de vacaciones. Aunque sean las suyas.