Tito Ró

Hoy soy un poco tío desde las seis y media de la tarde. Nos miramos alegres por lo padres y orgullosos, como si fuera algo nuestro. La pequeña M. está para comérsela y sólo tiene horas de vida. Sin tiempo para digerirlo todo y cansados como perros de ciego nos vamos al concierto de Quique; aquí pego la crónica que colgué en el foro oficial.
Son las siete y media, si fuera un fan de David Civera estaría saliendo de la ducha y engominándome el pelo pero,...¡no!
Huele a lluvia y sonrío, salgo a la calle. A las ocho y media me quedo tentado de pasar por la sala, nos vamos a cenar algo y llegamos a las nueve y media. Nos pasamos (otras 80 personas y yo) tres cuartos de hora esperando que pase algo. En efecto, Quique y Rebeca pasan justo en sentido contrario. Él anda deprisa, la cabeza gacha, caminando por dentro. A las diez y media se abren las puertas; imagino que el problema es de la sala, pero empezar una hora más tarde me hace ponerme en lo peor.
Aclaro que la sala es el típico after de bakalas de extra-radio, cruzo los dedos con el sonido...
A los diez minutos toda la sala está llena, empujones, tercios de mahou y junto al escenario veinte incondicionales sentados en el suelo, frente al teclado.
Quique llega callado, se sienta y comienza al piano con "Pelis de polis", va intercalando canciones nuevas y "las de toda la vida" con la tranquilidad del que vive en un escenario. Enciende unas velas, se fuma un cigarro, pide otro gin-tonic; todo muy natural, pienso para mi que la procesión debe ir por dentro. Nos anuncia, a todo esto, que el próximo trabajo saldrá bajo el sello Varsovia "...nunca he estado en Polonia, pero cuando pasaba una buena racha hace tres meses, ahora no, sé que es una bobada pero me daba por decir ¡Varsovia!, sí era como...¡Varsovia!...y quiero que ese espíritu esté en el disco".
Al piano vuelve a susurrarnos canciones, más que cantar sugiere, la rabia la deja para algunos acordes a la guitarra. "¡Toca cuando éramos reyes, Quique!" dice alguien, "Vais a tener que ayudarme".
Miro el reloj y descubro que han pasado casi dos horas, la sala ha tenido a bien no encender el aire acondicionado, voy por mi tercer kilo perdido. Pienso para mi que él con los focos debe estar como un pollo en pepitoria. A la segunda mahou y aprovechando una pequeña pausa subo al baño, algo rápido y sucio. Bien, dejémoslo en rápido. Me cruzo con un chico despeinado con camiseta verde, vaqueros y un par de botas sucias. "¿Lo estás pasando bien?" "¡Claro!", me responde. "Venga, date prisa que te espero con la siguiente canción". Bajo deprisa, suenan "Pájaros mojados", sube Rebeca Jiménez al escenario. Se le nota orgulloso de ella, bromea "¡Ah, está aquí! pensaba que se había ido con Tontxu..." Canta a Enrique, canta a Fito. Está cómodo, se le nota en los finales de canción. No tiene prisa por marcharse de allí. Alrededor del escenario todo el mundo está sentado en el suelo, "Avión en tierra" ésta es una de las mías. Le tiro tres o cuatro fotos de las que sin duda ninguna saldrá decente. Termina de tocar "El pequeño desastre que origino", es verdad. A este tipo si le das un metro te hace un descosido. Si le das dos horas de tu vida se te clava ahí, en ese hueco invisible entre las tripas y el alma, y se queda a vivir contigo. Subo las escaleras sudando, contento. Espero que él también haya disfrutado. ¡Vuelve cuando quieras, ya sabes que allí estaremos!

En Voz Alta | Luego existo | 12/06/03 | Tu Voz (0)
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